Conoce Colombia

Colombia, el país del realismo mágico

Llega el viento por el norte de Colombia y pone a girar los molinos eléctricos que Don Quijote vería como enormes caballeros andantes en el hipnótico paisaje de La Guajira. Después de jugar con las aspas, continua su camino por las playas de Cartagena y refresca a las mujeres que toman el sol, para luego colarse entre las grietas de las murallas donde una ciudadela antiquísima le habla de héroes de otro tiempo. La corriente de aire va hasta Medellín y compite en una carrera contra el metro. Derrotada, la brisa asciende la montaña, hace temblar las hojas de los cafetales, y llega muy fría a Bogotá, donde obliga a los pobladores a meter sus manos entre los bolsillos para buscar calor mientras ella se lanza al vacío desde un altísimo edificio.

El viento ya sabe que en Colombia no se aburre porque aquí lo tiene todo. En las selvas busca animales exóticos y practica sus técnicas de vuelo con las guacamayas. En las playas hace equipo con los jugos de frutas para refrescar a los turistas sofocados con el sol. En los desiertos hace que las mantas de los indígenas wayúu bailen. En las montañas le gusta asustar a los habitantes de las grandes ciudades, quienes, espantados por el frío, buscan corriendo chocolate y agua de panela caliente con limón. En las llanuras corre libre hasta que choca con el ganado, encuentra el arpa y se pone a cantar joropo.  

Un país en el que viento tiene tanto que hacer se oye mágico, y lo es. Es mágico porque su riqueza se mide a partir de la enorme cantidad de recursos hídricos que nacen de sus páramos y quedan reservados en sus lagos. Se mide a partir de la gran oferta de alimentos que nace de sus tierras, desde frutas hasta azúcar y maíz. Se mide partir de su diversidad natural, con especies de fauna y flora que enamoran monarcas e insectos. Se mide con la calidad de su café, aromático y exquisito. Se mide con la variedad y la abundancia de su gastronomía, tan nutritiva que podría levantar muertos. Se mide a partir del sinnúmero de librerías y museos que se encuentran por sus calles. Se mide a partir de la calidez y la alegría de su gente, que todos los días se despierta con ganas de vivir y bailar.

Teniendo en cuenta los tiempos que corren, es mágico encontrarse con un país cuya riqueza no se mide en pesos, dólares o euros. Y son esos poderes los que le permiten mantener una estabilidad que sirve de soporte para la innovación y la modernización, así como para ganarse la confianza de la economía global, hasta el punto de tener 10 acuerdos comerciales vigentes.

En este país, donde el 70% de los suelos son óptimos para la agricultura y las puertas están abiertas al mundo,  existen cientos de respuestas para el planeta, que Colombia espera poder compartir para contagiar a la humanidad de realismo mágico.  

29/10/2015

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