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El secreto de los hijos del tigre

La espesura de la selva del que, según los indígenas Kogui, es el corazón del mundo, guarda un secreto de incalculable valor para cultura prehispánica del Caribe. Se trata de lo que queda de la ciudad de Teyuna, que hoy conocemos como “La Ciudad Perdida” en laderas de la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña más alta del mundo al lado del mar.

Teyuna fue construida entre el año 700 y el 800 de nuestro tiempo. Los historiadores confluyen en que la construcción marcó el inicio de la edad del Tayrona, o también llamados “hijos del tigre”. Esta civilización habitó en la sierra Nevada de Santa Marta hasta la llegada de los conquistadores españoles, cuando poco a poco se fueron extinguiendo hasta que solo quedara de ellos su cultura material y su ciudad protegida por la selva.

Se calcula que la ciudad, en sus inicios, albergó entre 4.000 y 10.000 miembros de la comunidad Tayrona, en una red de puentes y caminos que recorrían las laderas del río Buritica. Hoy quedan sus recuerdos, conservados entre musgo y follaje, y las riquezas que que sobrevivieron a los saqueos sufridos por culpa de los guaqueros que descubrieron Teyuna luego de 350 años de aislamiento hacia 1975.

Su descubrimiento fue accidental. Unos exploradores –bien pudieron ser cazadores de aves o guaqueros- entraron en la espesa selva de la Sierra Nevada. Uno de ellos se encaminó por error hacia una ensenada llena de musgo, que resultó ser el camino a los 1200 escalones que son la única vía de entrada a lo que queda de de Teyuna. En la ciudad los saqueadores encontraron todo tipo de riquezas de oro, que fueron explotando hasta que, al año siguiente, el gobierno central tomo control de la ciudad y comenzó su protección y recuperación.

Desde entonces la Ciudad Perdida se convirtió en un destino turístico mágico que muestra la gran riqueza cultural que por siglos han guardado los parajes de todos los rincones de nuestra geografía. Hoy en día Teyuna es custodiada por los “Hermanos Mayores”, como se llaman a sí mismos los miembros de la comunidad Kogui que hoy viven en la Sierra. Con su sabiduría resguardan las más de 160 terrazas de piedra que aún hoy se mantienen para recordarnos que, en algún momento hace unos siglos, allí vivió con esplendor el pueblo de los hijos del tigre.    

18/09/2015

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